Los datos no solo informan; cuentan historias. Dependiendo de cómo se presenten, pueden reforzar argumentos o cuestionarlos. La narrativa de datos es una herramienta poderosa en política, economía y negocios.

Una misma estadística puede interpretarse de múltiples formas según el contexto. Por eso, el análisis no puede limitarse a cifras aisladas. Es necesario comprender variables, metodologías y posibles sesgos.
En la era digital, donde la información circula rápidamente, la capacidad de interpretar datos críticamente es una competencia estratégica. Los datos mal contextualizados pueden generar decisiones equivocadas.
El desafío no es solo recopilar información, sino convertirla en conocimiento útil y responsable.













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