La computación en la nube permitió a las empresas acceder a infraestructura avanzada sin grandes inversiones iniciales. Servicios bajo demanda reemplazaron a costosos centros de datos propios.

Uno de sus mayores beneficios es la escalabilidad. Los recursos se ajustan según la necesidad real, evitando gastos innecesarios y mejorando la eficiencia operativa.
La nube también impulsa la innovación, permitiendo desplegar aplicaciones y servicios en minutos. Esto acelera el desarrollo y reduce el tiempo de salida al mercado.

Sin embargo, una migración mal planificada puede generar costos ocultos y problemas de seguridad. La estrategia es clave para aprovechar todo su potencial.
Un enfoque híbrido suele ser una buena transición para organizaciones que vienen de infraestructuras tradicionales.











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