La innovación tecnológica avanza con rapidez, mientras que la regulación suele moverse con mayor lentitud. Este desfase genera tensiones entre desarrollo y control.
Regular no significa frenar el progreso, sino establecer límites que protejan a la sociedad. Sin regulación, pueden surgir abusos o riesgos innecesarios.

El desafío consiste en diseñar marcos normativos flexibles que acompañen la evolución tecnológica sin sofocarla.
El equilibrio adecuado promueve crecimiento responsable y sostenible.














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