La tecnología no solo responde al presente, también construye el futuro.
Diseñar futuros implica imaginar escenarios posibles y prepararse para ellos.

No se trata de predecir con exactitud, sino de pensar estratégicamente. Las decisiones tecnológicas de hoy definen cómo viviremos mañana.
Por eso, quienes trabajan en tecnología también son arquitectos del porvenir. Su responsabilidad va más allá del código.













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