En un mundo donde los datos son uno de los recursos más valiosos, la soberanía digital se ha convertido en un asunto geopolítico. Ya no se trata solo de proteger fronteras físicas, sino también la información que circula dentro de un país.
Gobiernos, empresas y ciudadanos dependen de plataformas tecnológicas que, en muchos casos, están controladas por corporaciones extranjeras.

Esto plantea preguntas profundas: ¿quién controla los datos?, ¿dónde se almacenan?, ¿bajo qué leyes se protegen? La soberanía digital busca que los países tengan mayor control sobre su infraestructura tecnológica y sus flujos de información.
No para aislarse del mundo, sino para participar en él desde una posición más equilibrada. Entender este concepto es clave para comprender los debates actuales sobre privacidad, regulación y poder en la era digital.














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