En un entorno competitivo se valora mucho salir rápido al mercado.
Pero cuando se sacrifica calidad por velocidad, se generan fallos, retrabajos y frustración.

La calidad implica que el software sea estable, seguro y mantenible.
A largo plazo, la calidad ahorra tiempo y dinero. La verdadera agilidad no es correr sin rumbo, sino avanzar con solidez.













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