Los estándares permiten que distintas tecnologías hablen el mismo idioma. Sin ellos, cada solución sería incompatible con las demás.

Gracias a los estándares existen internet, el correo electrónico y miles de servicios interconectados.
Además, fomentan la competencia y la innovación, porque evitan el encierro en un solo proveedor. Los estándares son invisibles para el usuario, pero fundamentales para el progreso tecnológico.














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