Un sistema puede ser técnicamente poderoso, pero si es difícil de usar, fracasa.
La experiencia del usuario se centra en cómo las personas interactúan con la tecnología.

Interfaces claras, procesos simples y respuestas rápidas marcan la diferencia entre adopción y rechazo.
Diseñar pensando en el usuario es entender sus necesidades reales.
Cuando la tecnología se adapta a las personas, y no al revés, el impacto es mucho mayor.













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