El phishing evolucionó. Ya no hablamos de correos mal escritos y enlaces burdos; ahora los atacantes replican interfaces completas, falsifican dominios casi idénticos y usan ingeniería social sofisticada. Proteger cuentas corporativas requiere ir más allá de filtros básicos y activar múltiples capas de defensa capaces de identificar patrones sutiles.

Empieza con filtros inteligentes. No todos los proveedores ofrecen detección contextual; algunos solo buscan palabras sospechosas. Los sistemas modernos analizan reputación de dominio, historial, adjuntos, comportamiento del usuario y patrones de envío. Activa DMARC, SPF y DKIM para evitar que actores maliciosos suplanten tu identidad corporativa, una táctica muy usada para engañar empleados internos.
El siguiente paso es activar MFA en todas las cuentas, incluso en accesos internos. La autenticación multifactor evita que un simple clic comprometedor termine en un acceso exitoso. Además, capacita a tu equipo: la educación es la defensa más fuerte. Simula intentos de phishing y analiza quién cae; esas personas necesitan entrenamiento adicional.
Finalmente, revisa constantemente las cabeceras de correos sospechosos, ya que contienen más información de la que la mayoría de empleados imagina. Implementa reportes automáticos que permitan que el personal señale posibles amenazas.
Tip extra: si recibes correos urgentes que piden acción inmediata, desconfía; la urgencia es la herramienta favorita del atacante.
¿Alguna vez tu equipo ha caído en un intento de phishing?















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