El diseño digital moderno se apoya en principios psicológicos bien estudiados. Recompensas variables, desplazamiento infinito, notificaciones intermitentes. Estos mecanismos estimulan la dopamina y fomentan el uso repetido.

No es casualidad que muchas plataformas resulten difíciles de abandonar. Están diseñadas para generar hábitos. El diseño persuasivo puede utilizarse para fomentar aprendizaje y productividad, pero también para incentivar consumo compulsivo.
La ética del diseño vuelve a ser central. Cuando la persuasión se convierte en manipulación, se cruzan límites. Diseñar experiencias digitales responsables implica equilibrar objetivos comerciales con bienestar del usuario.
La tecnología influye en comportamientos. Reconocer esa influencia permite exigir mayor transparencia y responsabilidad en su implementación.














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