Los algoritmos toman cada vez más decisiones que afectan vidas: desde qué contenido vemos hasta si obtenemos un crédito o un empleo.

La ética algorítmica se pregunta si estas decisiones son justas, transparentes y responsables. Un algoritmo no es neutral; refleja los datos y criterios con los que fue creado.
Si esos datos tienen sesgos, el resultado también. Por eso, pensar en ética no es frenar la innovación, es dirigirla con conciencia. La tecnología sin valores puede amplificar injusticias.













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