La gestión de identidades se encarga de controlar quién puede acceder a sistemas, aplicaciones y datos dentro de una organización. En entornos actuales, donde conviven servicios locales, cloud y accesos remotos, este control se vuelve indispensable para mantener la seguridad y el orden.

Un sistema de identidades bien implementado permite centralizar usuarios, roles y permisos, reduciendo errores y accesos innecesarios. Además, facilita la revocación inmediata de privilegios cuando un colaborador cambia de rol o deja la organización.
La falta de una gestión adecuada suele derivar en cuentas olvidadas, permisos excesivos y brechas de seguridad evitables. Por ello, es un componente clave en cualquier estrategia de TI madura.














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