Docker introdujo una nueva forma de empaquetar y ejecutar aplicaciones mediante contenedores. Estos permiten que el software funcione de manera consistente sin importar el entorno donde se ejecute, resolviendo muchos problemas clásicos de compatibilidad.

A diferencia de las máquinas virtuales, los contenedores son ligeros y comparten el núcleo del sistema operativo. Esto se traduce en un menor consumo de recursos y tiempos de arranque casi inmediatos, ideales para entornos dinámicos.
Docker se ha vuelto fundamental en el desarrollo moderno, especialmente en metodologías DevOps y arquitecturas de microservicios. Facilita la automatización, el escalado y la integración continua.

Otro punto clave es su ecosistema. Docker Hub ofrece miles de imágenes listas para usar, lo que acelera el despliegue de servicios como servidores web, bases de datos o aplicaciones empresariales.
Como buena práctica, es recomendable crear imágenes propias bien documentadas y evitar ejecutar contenedores con privilegios innecesarios.













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