A medida que tareas repetitivas se automatizan, surge la pregunta sobre el rol humano en el futuro laboral. Lejos de eliminar la relevancia de las personas, la automatización desplaza el enfoque hacia habilidades creativas, estratégicas y emocionales.

La capacidad de interpretar contextos, liderar equipos y tomar decisiones éticas no puede ser replicada completamente por máquinas. Esto redefine el valor humano como elemento diferenciador.
Prepararse para este escenario implica desarrollar competencias complementarias a la tecnología. Adaptabilidad, pensamiento crítico y comunicación efectiva serán cada vez más determinantes.
La automatización no reemplaza el talento; lo reorienta hacia ámbitos de mayor complejidad.














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