Internet ha permitido la creación de comunidades globales que comparten conocimientos y experiencias. La inteligencia colectiva surge cuando múltiples individuos colaboran para resolver problemas o generar innovación.

Proyectos de código abierto, foros especializados y redes profesionales son ejemplos de cómo la colaboración digital puede superar límites geográficos. Esta dinámica democratiza el acceso al conocimiento y acelera avances.
Sin embargo, la inteligencia colectiva requiere respeto, organización y objetivos claros. Sin coordinación, puede convertirse en ruido desestructurado.
Cuando se gestiona adecuadamente, la colaboración digital potencia resultados que serían imposibles de forma individual.













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